lunes, 6 de junio de 2011

Moncófar



5 de junio, domingo.

 EXCURSIÓN A MONCOFAR

El azul del mar

 
     Tomamos el tren y llegamos a la estación de Moncófar a media mañana. Hacía un sol brumoso, reverberante. Nos apeamos y descubrimos que estábamos en mitad de la nada, perdidos en un bosque de naranjos que cubría la llanura hasta las estribaciones de la Sierra de Espadán. La estación estaba abandonada; la vía del tren de alta velocidad, clausurada por una alta alambrada. A lo lejos, a varios kilómetros, divisamos el caserío de Moncófar y más allá el mar. Por suerte, dos pasajeros habían bajado del tren con nosotros y un familiar les esperaba en un coche. Al preguntarles nosotros el camino, se ofrecen amablemente a llevarnos y así, entre vericuetos asfaltados y rotondas sin cuento, salimos del laberinto de árboles, vallas y caminos sólo para vehículos. La estación estaba antiguamente mucho más cerca del pueblo y bien comunicada con éste. ¿Es que RENFE ha olvidado que es un servicio público?
La playa hacia el sur
     Finalmente, llegamos a orillas del mar. El esfuerzo ha valido la pena. Un mar de color azul claro vivísimo nos regala los ojos. La playa de guijarros se sumerge rápidamente en las profundidades transparentes. En las escolleras de gruesos bloques los pescadores de caña buscan su recompensa.
Vista al norte
     Para regresar a la estación, tomamos un taxi.

Los guijarros de la orilla

domingo, 5 de junio de 2011

COMIENZO

Abrimos un blog para anotar impresiones de viaje. Unos viajes serán cortos, domésticos; otros, más largos. Pero todos tendrán -espero- una finalidad común: la de recoger las impresiones fugaces que nuestra mente refleja ante las cosas nuevas y que luego, si no se plasman cuando están vivas, se pierden irremediablemente en el abismo del olvido.